Tomar la decisión de regresar al país de origen muchas veces se siente como fracaso, aunque es una interpretación bastante errática. En algunos casos se fundamenta en no haber logrado lo esperado, o en “no aguantar más”. Pero muchas otras veces tiene que ver con algo mucho más profundo y difícil de explicar: la sensación interna de que una etapa se está cerrando.
En consulta lo escucho con frecuencia: expats que han logrado estabilidad laboral, económica e incluso vínculos sociales en el país de destino, pero que aún así sienten un llamado interno a volver. Y ese llamado genera confusión, culpa, miedo y muchas preguntas.
La idea de regresar no surge de un día para el otro. Suele aparecer de manera sutil, como un ruido de fondo.
Recuerdo el caso de un paciente mexicano que llevaba tres años viviendo en Alemania. Trabajaba de su profesión, tenía un buen pasar económico y había construido ciertos vínculos sociales. Desde afuera, “todo estaba bien”. Sin embargo, algo dentro suyo le indicaba que esa etapa estaba llegando a su fin.
A veces, el deseo de volver está vinculado a:
Nada de esto invalida lo construido afuera.
Uno de los mayores bloqueos en la decisión de regresar al país de origen es el miedo a equivocarse.
En el proceso terapéutico, este paciente expresaba claramente dos temores:
Regresar no es idealizar el país de origen. Muchas personas migrantes son muy conscientes de lo que dejan atrás y de lo que van a reencontrar. El conflicto aparece cuando el bienestar emocional empieza a pesar más que la estabilidad externa.
Decidir volver implica necesariamente poner en la balanza.
No solo se trata de trabajo, dinero o calidad de vida objetiva, sino de preguntas más profundas:
En este caso, el proceso terapéutico permitió que el paciente pudiera ordenar sus ideas, escuchar sus necesidades y priorizar su bienestar. La decisión no fue impulsiva, sino elaborada.
Un punto clave que muchas veces se pasa por alto es que volver también implica un duelo.
Duelo por:
Es necesario trabajar activamente en la elaboración de este duelo. No se trata solo de “volver”, sino de despedirse del país, de agradecer lo vivido y de aceptar la tristeza que inevitablemente aparecerá.
También es muy importante no tomar la decisión impulsivamente en medio de una crisis. Es muy común que en los momentos críticos las ganas de regresar aparezcan con mucha fuerza. Pero regresar implica una decisión consciente y basada en mucho autoconocimiento, requiere de atravesar un proceso de escucha y balance.
Algo que siempre remarco es que regresar no anula la experiencia migratoria. Todo lo contrario: la integra.
La migración transforma, y esa transformación viaja con la persona, esté donde esté. Volver al país de origen no es volver al mismo lugar interno.
Finalmente, cuando mi paciente mexicano logró tomar la decisión de regresar, apareció algo muy significativo: calma. No porque todos los miedos desaparecieran, sino porque la decisión estaba alineada con lo que necesitaba en ese momento de su vida.
Tomar una decisión no siempre es elegir lo perfecto, sino lo que hoy te permita vivir con mayor coherencia y bienestar emocional.